Soy una brisa en mi vida
No soy nada, ni nadie en este mundo. Solo soy la sombra de lo que algún día fui.
Perdí la capacidad de ver los pensamientos en mi mente. A veces eran recuerdos protegidos por un velo cegador; en otras, eran voces buscando regocigo. Pero hoy, ya no hay nada. Donde antes hubo caos, hoy solo queda un vacio aterrador.
Hoy caminando en un sendero, que ahora al parecer es uno de mis favoritos, levanté la mirada y allí estaba la brisa besando mi rostro y desestabilizando las ramas de todos los árboles. Sin querer, sonreí.
La brisa no hace diferencia entre lo que soy y lo que son los árboles. No sabe si está viva o no, ni siquiera sabe que está en movimiento.
Me enfoqué en el cielo y era todo gris humo. Había nubes en toda la bóveda celeste. Y percibí algo de la belleza geometrica, que uno de los dioses usó para la creación, que rige el universo. Y otra vez, volví a sonreir.
Diez pasos más adelante, otra brisa se hacía presente y mi cabello rozaba mi frente. Me llené de nostalgía al percibir que en los últimos 2 minutos no había experimentado nada de tristeza. Y volví a sonreir, pero está vez fue de tristeza y en parelelo una lágrima hacía presencia en mi vida. Estaba triste ya que este momento será finito.
La brisa no distingue entre la felicidad y la tristeza. Al parecer también estoy comenzando a ganar tal capacidad.
A veces la vida tiene momentos felices; en otras, las vida tiene momentos tristes. Al final perdí la noción y en mi ignorancia solo sé que la vida es solo vida, y que el amor está lleno de vida.
Levanté la mirada al cielo nublado y pensé Gracias por la vida que me es muy aburrida.
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