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Mostrando las entradas de junio, 2024

Un helado que fue y nunca será

Ese día tenía como fecha un 25 de junio del 2024, una fecha en donde aflora la tristeza y es como una daga que cercena mi pobre alma.  Fue un día difícil, no por su naturaleza, sino por lo que esa fecha representaba para mí. Normalmente, todos los 25 de junio solía hacer una lamada telefónica a mi hogar para felicitar a mi padre por su cumpleaños. En esas llamadas, hablabamos del como él estaba y de lo que haría en ese su gran día. Pero mi padre era una persona muy simple. Él estaría recostado en su cama escuchando las noticias, y entre sus manos, algún libro o diario que lo mantuviese actualizado y/o entretenido. Y ahora es triste saber, que hace más de 5 años que ya no constesta mis llamadas.  Esa noche en la cena tuve una charla bastante interesante con alguién poco conocido. Hablamos sobre la vida, los hijos, los sueños, la sociedad y la felicidad; conceptos vastos que pueden desarmar cualquier persona. Todo ello me puso algo suceptible y, recordé que alguna vez fui llamad...

Los ángeles rozando las montañas

Hoy el cielo, de esta mega-cuidad, se vistió de gris melancólico... El clima está más calmo; donde muchos dirían que la cuidad de las garúas está triste, yo diría que está amena y ya sanó de sus heridas, ya que no hay atisvo de calor ni de frío, mas se vislumbra aquel grís de melancolía y de tristeza a por doquier.  Levanté mi mirada a aquel espejo opaco que todos llaman de bóveda celestse, y vi destellos, haces de luces que son mis recuerdos. Recordé las tranquilas tierras del valle sagrado en donde nací, Urubamba. Recordé sus acequias recorriendo sus grandes campos verdess y sus montañas, llenas de vida, todas alegres.    En verano esos campos de llenaban de plantas de maiz donde relucía el triste dorado de sus panojas. Los árboles de capulíes estaban en el auge de su vida y, los frutales no tenían nada que envidiar a los capulíes.  Tengo recuerdos, de mi niñez, donde en la esquina de mi casa nacía una acequía que se dirigía hacía el oeste. Las calles en aquella ep...

El amor se paga con la libertad.

No puedo creer que su sonrisa es lo que mi ser clama y ansía; al ser consciente de que puedo coincidir, en tiempo y espacio, con ella; en algun lugar de este mundo cruel y funesto.  Que ahora tengo el alma a medias. Que la veo y le da nacimiento a aquel frío malestar, por encima del abdomen, que arde sin saber cuando todo esto acabará.  Que su sonrisa es mi droga. Que al verla me da aquel subidón de dopamina, y al irse me deja con una resaca que le resta minutos (de vida) a mi ser.  Que al verla ya sé que mi día ira de maravillas. Que por verla sé que mi vida un día acabará y que ver su sonrisa hace que esta vida ya valga la pena. Que el saber de ella, me llena de dolor y de amor, mas me drena la vida; una vida que ella misma cura y lastima.   La primera vez que la vi, fue en una tarde de un agosto del 2022. No recuerdo bien aquel día, más quiero creer que ese día era el más claro de aquel mes, con un sol radiante y las más blancas nubes haciendo alarde de que a...

La mujer honesta y sus dos pretendientes

 ¿Por dónde pordría comenzar este minicuento?  Nombrando a los personajes sería el camino simple.  Ella es Alice, nombre recurrente para presentar y explicar algunos escenários. Alice de la casa "a".  Alice es una mujer de unos 24 años. Tiene el cabello como el trigo maduro, la piel tibia y blanca como la leche recien ordeñada, unos ojos que son luceros de color jade, los labios de magenta como si alguién hubiera muerto para darle aquel rojo sangre a ella. Estatura de un metro sesenta (1.60 m), cuerpo delgado y curvas suaves. ¿Tiene defestos?. Sí, como todas las personas en este mundo, mas no vienen al caso para contar esta historia.  Su educación fue de alta cuna, escuela y colegio católicos para la burguesía y su Universidad es privada. Su actuar podría ser un ejemplo para la sociedad. La veracidad hace de su boca un cuchillo mortal, mas nunca la abandona. La empatía es su escudo.  La honestidad le fue implantada en su ser como un crotal.  Ella es un...

Hormigas

Ayer, mientras el sol se divisaba a los lejos intentando fallídamente pasar desapercibido entre las nubes, estaba yo sentado en un banco de cemento. Estaba algo cómodo como nunca antes lo había estado y sentí la brisa en mi rostro, que de a pocos desordenaba mis cabellos. A mi izquierda había un árbol pequeño que compartía mi fascinación de no tener nada que hacer.  Era yo, sentado en un banco, y el tiempo se había detenido. La brisa había desaparecido en aquel instante y me sentí completamente solo. No sentía mi respiración, hasta el oxigeno me había abandonado. El vacío se apoderó de mí y vi la belleza del universo atraves de mis ojos. Vi la perfección en cada una de las cosas, en este universo, con los ojos del alma; mas pensé "mira abajo".  A mis pies había un montón de hormigas recorriendo sus caminos... Y vino la siguiente resolución a mi ser "yo, a mis 36 años, debía estar en este lugar". No había otro lugar en el ahora presente para mí que ese lugar. Yo, el ...