Un helado que fue y nunca será
Ese día tenía como fecha un 25 de junio del 2024, una fecha en donde aflora la tristeza y es como una daga que cercena mi pobre alma. Fue un día difícil, no por su naturaleza, sino por lo que esa fecha representaba para mí. Normalmente, todos los 25 de junio solía hacer una lamada telefónica a mi hogar para felicitar a mi padre por su cumpleaños. En esas llamadas, hablabamos del como él estaba y de lo que haría en ese su gran día. Pero mi padre era una persona muy simple. Él estaría recostado en su cama escuchando las noticias, y entre sus manos, algún libro o diario que lo mantuviese actualizado y/o entretenido. Y ahora es triste saber, que hace más de 5 años que ya no constesta mis llamadas. Esa noche en la cena tuve una charla bastante interesante con alguién poco conocido. Hablamos sobre la vida, los hijos, los sueños, la sociedad y la felicidad; conceptos vastos que pueden desarmar cualquier persona. Todo ello me puso algo suceptible y, recordé que alguna vez fui llamad...