Un revólver a punto de dispararse
–¿Puedo sentarme aquí? –preguntó un hombre alto que estaba parado al frente mío apuntando la silla vacía. Tenía una voz muy grave como si cada vez que exhalara saliera las palabras con algo de aroma a azufre. –Sí, us.. –no pude completar mi respuesta ya que él ya se había adueñado de la silla y procedía a sentarse. Aquel hombre tenía un sombrero negro que lo pueso encima de la mesa; en la frentera del sombrero, tenía una insignia plateada de una calavera. Llevaba una vestimenta como de vaqueros; todo de color negro. Juraría que sus botas eran también negras y que llevaban espuelas de plata. Él ya estaba sentado ahí, tranquilamente como sí yo solo fuera una adorno en aquella mesa, que anteriormente me pertenecía. –¿Fumas? –fui interrumpido por él, mientras sacaba de su gabardina un puro y un encendedor –. Lo siento por mi oferta, ¿Hacer cuánto que lo dejaste? ¿2 a 3 años? ¿o fueron más?. –Fueron más de 3 años –respondí –. ¿Diculpe lo conozco? –expresé con desconforto ya que y...