Un revólver a punto de dispararse
–¿Puedo sentarme aquí? –preguntó un hombre alto que estaba parado al frente mío apuntando la silla vacía. Tenía una voz muy grave como si cada vez que exhalara saliera las palabras con algo de aroma a azufre.
–Sí, us.. –no pude completar mi respuesta ya que él ya se había adueñado de la silla y procedía a sentarse.
Aquel hombre tenía un sombrero negro que lo pueso encima de la mesa; en la frentera del sombrero, tenía una insignia plateada de una calavera. Llevaba una vestimenta como de vaqueros; todo de color negro. Juraría que sus botas eran también negras y que llevaban espuelas de plata. Él ya estaba sentado ahí, tranquilamente como sí yo solo fuera una adorno en aquella mesa, que anteriormente me pertenecía.
–¿Fumas? –fui interrumpido por él, mientras sacaba de su gabardina un puro y un encendedor –. Lo siento por mi oferta, ¿Hacer cuánto que lo dejaste? ¿2 a 3 años? ¿o fueron más?.
–Fueron más de 3 años –respondí –. ¿Diculpe lo conozco? –expresé con desconforto ya que yo estaba en aquel lugar para disfrutar una piña colada bien helada y hora estaba siendo interrumpido por alguién.
–Todo el mundo tiene una mera idea de quién soy –sacó algo de fuego de su encendedor y comenzó a encender parte de su puro, para luego suavemente aspirar el puro para encenderlo –. Pero al final, nadie sabe nada de mí –. Y aquí estoy... ¿Para qué te soy bueno?.
–¿Cómo así?, yo no te conozco...
–Te gusta repetir lo que digo. Ya quedamos que no me conoces; pero por ahí, escuché de un par de gorriones que me andabas buscando; y bueno... estoy aquí, ¿Para qué soy bueno? ¿Dime lo que quieres?.
–Disculpa... sigo sin entender –ya me encontraba algo inquieto y amargo; una frase más y cambiaría de lugar para ir a otra mesa, y continuar con mi tranquilidad.
–Mira muchacho... tú andabas por ahí buscándome, ¿Sería eso como hace unos 2 a 3 años?. Si quieres te podría dar pulmones sanos para que vuelvas a fumar sin preocupaciones hasta el final de tus días. Sí quieres podría hacerte rey de este mundo de idiotas y bastardos. Podría realizar una reunión con aquella persona, que tanto quieres. Podría ser una reunión de unos 5 minutos...
Comenzaba a entenderlo. Cada frase hablada por él representaba algunos pensamientos que rondaban en mi cabeza hace 3 años.
–¿Tú eres aquel dios que no puede nombrarse?
–¿Un dios que no puede nombrarse? Si no puedes nombrarme entonces como voy a corroborarte si lo soy o no soy; pero no estoy aquí para hacer papo furado contigo. Aquí tienes... –Sacó de el interior de su gabardina un revólver todo de plata, mas con una enpuñadura en madera. Lo colocó sobre la mesa a lado de mi bebida.
Levantó la mano y gritó para el mozo "Un gíntonic para mí, y una piña colada para mi amigo".
–Tiene 6 balas; tú decides cuales serán las cinco personas; pero el receptor de la sexta bala debes ser tú. Si cumples con todo, el trato se cierra y te daremos lo que quieres –se levantó de la silla y se abotonó la gabardita y se colocó el sombrero vaquero –Puedes empezar si quieres hoy. El mozo que te traerá las bebidas, hace 2 semanas violó y asesinó a una adolescente. No hubo pruebas suficientes por lo que fue liberado. La víctima... era una niña muy linda... un futuro prominente... quería ser uma médico para ayudar a los pobres... ¡Ah, casi lo olvido! No te precoupes del larma.. eres la única persona que puede verla... así que diviértete...
Y se fue; salió del bar. Todo este sin sentido alguno parecía haber vuelto a la normalidad. Era como sí él nunca hubiera existido, como si lo que pasó solo hubiese ocurrido en mi cabeza. «¿Será que lo inventé todo?».
–Señor, sus bebidas –fui interrumpido por el mozo.
Las bebidas estaban siendo servidas y aquel revólver seguía ahí, sobre la mesa, esperando a que se tomara una decisión...
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