Mi padre, "la maldición de los Cáceres"
En mi niñez, yo lo conocía como el "Sr. Cáceres". Rostro severo y en algo serio. Siempre erguido y pulcro como un soldado. La honestidad y la honradez eran su insignia. La puntualidad le fue impuesta como fuego al buen acero. En sus manos traía cargando algún periódico o un libro para leer.
Yo lo recuerdo con cabellos canos, cabellos blancos, que habían hecho su aparición pasados sus 60 años. Tenía el rostro serio, de pocos amigos, mas todo el mundo lo apreciaba. Cuando uno lo miraba en la lejanía parecía que un ser cargado de amargura y pesar con el mundo por el senblante que lucía. Uno al ir acercándosele, podía notar un brillo en sus ojos y, sentir su calor y un cariño amical. Mi familia llamaba a eso como "la maldición de los Cáceres".
Él fue bendecido con un semblante severo, ceño fruncido y serio. Una mirada perdida que a veces era confundida con una mirada de malicia. Pero en el fondo, él era una persona sociable que le gustaba hacer bromass con tal de conseguir una sonrisa en los demás. Una maldición que al parecer, algunos de sus hijos, heredaron. Quiero creer que yo también heredé "la maldición de los Cáceres".
Él tenía una nariz perfecta. No era una nariz distrayente ni atrayente. Solo una nariz normal y pulcra. Pero su boca... Tenía el labio inferior volteado para atrás, según mi madre. Yo diría que su labio tendía para abajo; labios que a mi madre le gustaba ya que siempre lo llamaba, con cariño, de "SHUTUZAPA" (labios grandes).
¿Sus ojos...? No recuerdo el color de sus ojos, pero dicen que se parece mucho a los míos. Pero es difícil verme en el espejo pensando en él (ya que las garúas son más prominentes en esos momentos). Al pensar en la ojos de mi padre, lo imaginó a él sentado en algún sofá leyendo algún periódico o libro, o simplemente viendo los noticieros televisivos.
El vicio más grande de mi padre podría haber sido la lectura (y los noticieros). A todo lugar a donde él iba siempre llevaba consigo algún texto (o periódico) para leer.
A tempranas y nocturnas horas, él siempre miraba los noticieros televisicos. En la mañana, a la hora de almuerzo y en la tarde, estaba que leía su periódico para estar siempre actualizado. De vez en cuando yo me atrevía a leer lo mismo que él. Fueron varíos años que leí los periódicos completos sin entender lo que pasaba en el mundo; solo leía porque debía y quería tener algo que leer, pero a la larga entendí que lo que sucede en el mundo no era lo mío. Pero quería entender esa facinación tan grande que él tenía por la lectura. Fue así que me interesé por la lectura, mas los textos a leer, diferían bastante con lo que mi padré leía.
Una distracción que él tenía, para descansar de la lectura, era llenar los crucigramas. Y yo también me sumergí en ello. Recuerdo llenar los crucigramas hasta donde pudiera y luego se lo devolvía para que él los completase; y él me explicaba algunas palabras que no había podido llenar. Con el tiempo se volvió mi hobbie. Tanto periódicos leídos y crucigramas completados que hoy forman parte de las paredes de mi dormitorio.
En sus rostro tenía pocas arrugas para la edad que él ya disponía. En los pocos años que viví junto a él, siempre me sentaba a lado de él para ver la televisión, cosa que me agradaba. Y podíamos pasar varias horas en silencio y estár anemos. Solo que nada es perfecto y fue ahí que entendí que no me agradaba ver los noticieros y a él, sí. Yo solo quería estar a lado de él y bueno el precio a pagar, ver los noticieros, era una precio bastante barato...
Otra veces, tenía dudas y hablamos sobre: filosofía, religión y la vida (su vida).
Ahí entendí que la vida no es buena. Comprendí que algunos sucesos habían marcado de manera cruel a la persona que tenía en frente, mas él siempre mantuvo su fe y su confianza en que el mundo podía mejorar. "Todo en la vida tiene una razón de ser" lo tenía grabado en su psique, así como él la grabó en la mía.
Algunas de esas charlas acababan con alguna historia de su parte o simplemente recomendándome algún libro a leer.
El tenía una altura de 1.62 ó 1.63 metros. Gran persona. Ahora que lo recuerdo, cada sábado iba siempre adelante mío. Él estaba rodeado de muchas personas, amigos suyos, debatiendo. A veces, me ponía a preguntarles sobre que hablaban y otras veces, me quedaba quieto sentado sobre un banco. Eso sí, por mi tamaño, solo podía ver a mi padre con un fondo de cielo celeste profundo y con algunas nubes rabiscadas. Él era un hombre mediano que proyectaba una imagen enorme...
Otra curiosidad es que nunca lo ví vestido con ropa deportiva. Siempre usaba ternos. Camisa y panalones bien planchados y zapatos bien lustrados. Para acompañar, siempre usaba una chompa de lana o un saco.
Las voces de antaño dicen que mi padre era una jugador formidable en el futbol y que jugaba de defensa. Cosas de dudo pero no me sorprende ya que él siempre fue bueno en lo que hacía y se proponía. Razón por la cual nunca me llamó la atención los deportes. Me gustar ver algunos deportes, en especial el futbol, pero creo que lo mío es más, la apreiación de las cosas.
Otra costumbre que tenía era caminnar. Aquellas veces en mi niñez, cada paso de él daba equivalía a dos pasos míos y tenía que andar más rápido para alcanzarlo. En mi adolescencia, mayormente andabamos a la par, y otras, se me daba por ir atrás solo para recordar mi niñez.
Fueron tantos momentos felices que quisiera volver a experimentar.
¡Sabes! Hace poco se me dio por querer correr y alcanzarte. No lo conseguí y eso que tú ya dejaste de caminar. Entendí que la vida no es para correr y sí para disfrutar. Que yendo a mi ritmo, lento o más lento, nos habremos de encontrar en algún futuro no tan distante.
Sr. Cáceres créame que estuve dispuesto a ir lo más deprisa hacía donde Ud. hoy se encuentra (y tener esas charlas insustanciales que compartíamos). ¡Y lo siento!, ya decidí tomarle el tiempo necesario para divertirme en esta travesía que llamamos de vida.
Siempre anduve trás de él. Como un niño que no sabe a donde ir; siempre lo seguí a él. No sé en que punto de esa caminata se me dió por querer andar por otros senderos. Y no me permite voltear hacica atrás de vez en cuando. Unicamente, era yo y lo que había adelante (igual que mi padre). Muy tarde recordé que él de vez en cuando se paraba y me esperaba. A veces cuando estaba cansado, me levantaba en sus brazos y me llevaba. Y yo nunca pude ni quise deternerme. Nunca pude detenerme...
"¡Sr. Cáceres, créame que realmente lo siento!".
¡Maldita sea!. Las caminatas nunca se detuvieron. Quisiera gritar y hacer algun trato con los cielos.
No sé si tú fuíste quien me dijo o simplemente mi mente inventó todo esto como letanías de mi vida. "Si dejas de caminar, estás presto para morir", "¡Camina, caminar es vivir!" y "¡El mejor regalo, un helado!".
Gracias por los tantos años vividos.
A mi padre, !Gracías por la vida!
Al Sr. Cáceres, ¡Discúlpeme por ser tan mal hijo!

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